Cuándo lo vi por primera vez simplemente me enamoré, fue de una manera tan básica y superficial que en vez de asustarme y provocarme algún tipo de rechazo, me sedujo y me impulsó a descubrir más y más.
Siempre supe que habían mil razones para que todo se quedara en un iluso "amor platónico", pero no me importó demasiado, no logró que que me dejara de crear perfecciones mentales... Me lo imaginé en un parque conmigo, a punto de darnos el primer beso. Suena tan torpe ahora que lo escribo y tan estúpidamente hermoso, no es como los cuentos de hada, esto es real, alcanzable... Es excitante pensar que estoy despierta.
Él me atrajo más de lo que me hubiera gustado... Lo busqué con la mirada toda la tarde, con la esperanza de que sus ojos no chocaran con los míos y que descubriera mi acoso prematuro. Cuándo al fin distinguí su silueta mi estomago dio un salto y se revolvió, aquellas mariposas habían vuelto después de tanto tiempo.
Necesitaba asegurarme de alguna manera que lo vería otra vez... El tiempo pasaba, las ideas de apoco se descartaban y el sol poco a poco se refugiaba nuevamente en el horizonte.
Finalmente lo perdí de vista y el tiempo se me acabó. Nunca más lo volví a ver...
Pero, ¿saben qué?... A pesar de que ni siquiera supe su nombre, él fue uno de los hombres más importantes de mi vida, porque me enseñó que la esperanza es la última que se pierde y que las oportunidades están donde menos te lo esperas.
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