jueves, 2 de mayo de 2013

Exceso de soledad

Esa noche era fría, estaba tan oscura que ni los árboles de la calle se percibían, no exactamente por falta de luz. Las lágrimas en sus ojos y la nube negra de su corazón no lo dejaban mirar más allá. Cegado dentro de su dolor se encontraba noche tras noche sin excepción. El silencio era su mejor amigo junto a un cigarrillo como la acompañante efímera, que regala un poco de placer y desaparece. 
La hora pasa. El reloj junto a su tic-tac le indican que todo gira y el tiempo termina. Él no entenderá nunca que no vale la pena seguir llorando por lo que “pudo ser”, dejando de lado lo que “será”. El futuro ya no existe, el abismo es tan profundo que no deja ver ni un poco de esperanza. Finalmente, su corazón deja de latir. Dicen que fue por exceso de nicotina y alcohol. Yo digo que solo fue por exceso de soledad.

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