jueves, 30 de mayo de 2013

Pesadilla sin fin

Son las cinco de la madrugada y al igual que todos los días se despertó sudando; Tuvo la misma pesadilla de siempre. Se levantó de la cama, cogió su bata y fue a la cocina a buscar un vaso de agua, intentando en vano aclarar su mente. 
Aunque no era nuevo para Paulina despertarse tan agitada, todavía no lograba acostumbrarse a ello.
El escenario era tenebroso. Los árboles crujían estruendosos debido a la ventolera, y la espesa neblina no dejaba ver siquiera sus manos. Ella caminaba angustiada, tratando de buscar a algo que no conseguía entender, pero no lo encontraba. Seguía buscando, cada vez más desesperada, entonces los árboles se convirtieron en sus más asquerosos y perturbadores miedos. Miles de arañas expulsadas de las hojas, las ramas se personificaron los rostros de las personas de su pasado y los fuertes crujidos se convirtieron en voces que no hacían más que escupir maldiciones. El pavor la consumió de tal manera que ya no pudo moverse, rendida a la resignación se quedó quieta, esperando su final. Las horripilantes alucinaciones se acercaban cada vez más… cuando de repente, una luz cegadora apareció, espantando todo lo malo. Ella, aún aturdida, sólo pudo visualizar una sombra que lentamente se acercaba a tenderle una mano y justo en el momento en que vería al fin el rostro de su salvador, se despertó. 

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