jueves, 2 de mayo de 2013

La verdadera felicidad

Entonces llega ese momento en el que la paz interior se va, cuándo al fin logras divisar en serio la realidad y todo en lo que creíste hace un par de segundos atrás se esfuma de la manera más terrorífica y cruda. Intentas recordar el por qué, tratas de entender tu sonrisa de imbécil; no tiene explicación. Caminas más lejos, intentas observar todo de una perspectiva diferente sacándote tus viejos zapatos y lanzándolos lejos. Aun así no puedes entender nada a tu al rededor.
Enciendes el televisor; es uno de tus programas favoritos. Lo analizas por un segundo, cada vez más atento y te preguntas de qué sirve seguir sentado frente a ese aparato malgastando tu tiempo y perdiendo minutos valiosos de tu vida.
Sacas tu abrigo del armario y corres hacia la calle. Estaba nublado, el viento otoñal golpeaba con fuerza los árboles, pero no te importó en lo absoluto; buscabas algo.
En una de las bancas de aquella plaza ubicada al costado de tu barrio se encontraba un anciano, sucio y roñoso. Lo miras y te vuelves a preguntar el por qué de esa denigrante situación. El anciano, casi por obra de magia lee tus pensamientos y siempre con una sonrisa en su rostro te responde con una voz sabia y profunda; “Si crees que vivir así es malo, estás muy equivocado, muchacho. Yo elegí esto. ¿Y sabes por qué lo hice?, es la única manera en la que por fin me sentí por completo libre y feliz”.

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